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JAVI

Homo Observantis

Javi Observantis

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March 28

La cajita dorada

Este año he recibido una cantidad inesperada de felicitaciones por todos los medios, visitas en persona, correos, mensajes, comentarios en Facebook, llamadas telefónicas, hasta me han enviado un Mariachi virtual para felicitarme con una ranchera.  Si tuviera que hacer una lista de las personas  que de verdad me importan, no habría podido ponerle falta a nadie, todos han estado presentes. Pero como siempre sucede, aún sin querer, unas se agradecen más que otras aunque todas son bien recibidas por su significado, por el simple detalle de que se acuerden de uno.

 

Ayer me mandaron una felicitación diferente, que ha sido todo un regalo. Lejos de los tópicos cumpleañeros, trae el toque de distinción que separa lo común de lo singular y me ha hecho sentir muy cercano a quien lo remite porque es un regalo envuelto con esmero y delicadeza en el que puedo apreciar el cariño en cada  lazada, en cada pliegue y cada detalle, una simbólica cajita dorada y roja cuyo contenido desprende un halo afectivo dulcemente reprimido, dulcemente entregado.

 

Me llama “el Señor de los abrazos”  por todo lo que para mí significan y por cuanto me gusta abrazar y ser abrazado, y sé que nunca un abrazo suyo será un abrazo más, nunca será igual al de nadie, nunca será un simple abrazo ni un abrazo repetido, para mí siempre será especial, como siempre lo ha sido lo que siento por ella y que sobrevive en equilibrio sobre esa delgada línea que cruza un abismo que separa dos mundos paralelos sin dejar que se encuentren.
 
Me recomienda y me desea que no pierda la pasión. Pasión, ese extraño sentimiento que no tiene edad, y del que quien sea capaz de capturar su esencia obtendrá el secreto de la eterna juventud, pero la pasión es caprichosa, se enreda en los cuerpos y obstruye las mentes, es un ser posesivo y sin dueño, es volátil, inconstante y quebradiza, es buena compañera pero mala amiga, me perturba cuando está ausente porque crea vacíos punzantes,  pero al igual que me sucede para el amor no soy esclavo ni de su búsqueda ni de su tenencia al modo habituales.
 

No recuerdo ningún regalo construido solo de palabras y sentimiento, sin sustancia física a la que querer con los ojos,  que me haya proporcionado una satisfacción tan densa. En un día en que de por sí todo fue bueno, hizo que fuera aún mejor. Me quedo atrapado en su abrazo y guardo ese beso tan dulce dentro de la cajita, cerrada con el lazo rojo de la pasión, para que nunca se desvanezca.

 

Escuchando  "Cuando te acuerdes de mí"  (Marco Antonio Solís)  

 

August 31

Segundas partes

De camino a pasar unas vacaciones en París hicimos un alto en mi Madrid natal, para ver a los familiares a los que tanto me une a pesar de los años que llevo fuera, visitas que inevitablemente empiezan, y a veces acaban, con una multitudinaria comida en la que ya se juntan cuatro generaciones, ya hay bisabuela y bisnieto compartiendo mesa.
 
En muchas ocasiones le he contado a Trasto episodios de mi infancia de la que siempre digo que fue muy feliz e intensa, y este año, ahora que ella tiene 11, quise llevarla al barrio que me vió crecer para darle imagen a esas anécdotas, un barrio que a pesar de ser posiblemente el mas grande de España, apenas ha cambiado en la zona donde yo vivía, al menos en presencia. Llevado por esa intención nos acercamos hasta la casa donde viví 18 años, de las pocas con jardines y muchos árboles y espacio para que los niños jueguen. En este sitio lleno de rincones y recuerdos hice amigos de infancia y con uno de ellos aún mantengo amistad y trato regular.
 
Empezamos a recorrer calles y callejas donde hice mil travesuras y alguna gamberrada, pero la idea de transmitirle a Trasto aquellas sensaciones con el dulce sabor de la nostallgia se fue diluyendo apenas comenzar. De entrada no había ni un solo niño en un espacio que siempre bullió de actividad, de risas y carreras infantiles, los alrededores siempre transitados por madres camino del mercado, que hacían paradas interminables con sus convecinas para charlar y cotillear aparecían desiertos, y las ventana tantas veces llenas de caras de mujer controlando hasta el paso de la última hormiga, cerradas a pesar de ser poco antes de mediodía, en día laborable, a horas propias de las tareas de cocina.
 
Luego fuimos al mercado municipal a menos de 300 metros, que era un hervidero multicolor de frutas frescas, lleno de puestos y parroquianas alegres y bullangueras, y en las que los tenderos se afanaban en atraer a una clientela de sobra conocida, con gritos intencionados y picaros, como el del puesto de verduras que pregonaba a voz en cuello "tener el mejor pepino del mercado" o la pescadera que decía lo propio en favor de "su almeja", hechos que siempre arrancaban sonrisas de complicidad y comentarios picantes a las mujeres. Ahora las caras son de urgencia y preocupación, rostros serios que ya no regaatean precios y solo se lamentan de ellos.
 
Mas adelante el inclinado bulevar otrora rebosante de tránsito y de viejos a la sombra de moreras y álamos temblones, jugando a cartas o al dominó o sentados con sus bastones a recordar viejas historias entre arrugas de felicidad y encías vacías, ahora lleno de pintadas insulsas y que solo entienden, si acaso, aquellos mamarrachos aburridos que las pintaron. Un bulevar que acogía todas las navidades un enorme Belén que recibía cientos de visitas de extraños y que causaba miradas de admiración en los niños, un bulevar que en verano se llenaba de puestos de helados y chucherías, de parejas a besarse en los bancos a la caída de la tarde, arrullados por el sonido de las hojas y el olor de los viejos eucaliptos, un bulevar flanqueado por casas bajas llenas de tiendas y que ahora están en su mayoría cerradas y ruinosas, apenas salvadas por chinos y ecuatorianos que acaparan la poca actividad comercial que hay.
 
A estas alturas no solo había desaparecido la idea original que me llevó hasta allí, solo me quedaba una mirada de perplejidad y un vacío opresivo en el pecho, y el silencio. ¿Qué podía contarle a Trasto viendo lo que veía?, su gesto empezaba a ser de aburrimiento y solo se animaba delante de algún escaparate. imposible transmitirle que alguien pudo ser feliz en esas calles.
 
Para llegar a la parte baja del bulevar, que era el lugar mas transitado por la cercanía a las paradas de autobús, pasamos finalmente entre ociosos y malencarados búlgaros o rumanos, que te miran al pasar con insolencia y menosprecio, haciéndote saber que eres un extraño en su territorio, el mismo que un día fue tu casa hace años y del que ahora se saben dueños. Llegados a este punto nos hicimos una foto y termnamos el paseo para alivio de ambos, para Trasto porque hacía rato que estaba ausente y para mí que veía hundirse recuerdos e imágenes de una forma dolorosa e inesperada.
 
Nunca volveré allí ni tampoco volveré a otros sitios a los que deseaba hacerlo y que forman parte de mi esencia, que me marcaron con el estigma de la felicidad y poblaron mi mente de imágenes alegres y días para recordar. No, ya he aprendido la lección, en adelante solo sitios nuevos, he comprendido que la memoria puede ser injusta y cruel al traernos deseos de cosas imposibles, de evocar un pasado que no vuelve. Alguien dijo que añorar el pasado es correr tras el viento, es cierto, tiene sentido. Voy a guardar celosamente los recuerdos de niñez y de infancia, de mi adolescencia plena y rica, y solo acudiré a ellos cuando algo concreto los traiga al presente, mirar hacía atrás ni para tomar impulso.
 
Acompañado por maestro Sabina "Calle Melancolía"
 
X El bulevar
 
July 01

Seis meses después

Ojos blancos y atentos
cabeza y cara afeitadas a rape
25º y una brisa ligera
en pantalón pirata
las nubes jugando a tapar el sol
garganta con sabor a limón
70 kilos jura la báscula
estómago como un reloj
cabeza despejada y serena
gritos de niños en la piscina
mar y cielo azulgris
nadie me da un beso
mantengo la sonrisa
sin asomo de pereza, optimismo
sonando Driver 8 de R.E.M.
miro al horizonte que empieza a enrojecer
uno de julio
2008
Aquí sigo y prometo volver a menudo.
 
January 01

2008

Ojos enrojecidos
barba que pica
boca pastosa
22º y ni pizca de viento
en gayumbos
el sol en los pies
garganta irritada
75 kilos dice la báscula
estómago ruidoso
zumo de piña fresquito
cabeza embotada
trinos de pájaros
mar y cielo azules
me dan un beso
devuelvo una sonrisa
ganas de nada, perezaaaaa
suena Waiting in the weeds de Eagles
bostezo y me estiro
uno de enero
2008
Bienvenido
 
 
December 23

¡ Coño que frases !

Cada vez que abro, no muy a menudo, este espacio, veo en primera plana la jeta del mojamé del cepillo de dientes y como ya me tiene harto, aunque solo sea por no verle el hocico, dejo estas frases que dicen que son los 12 coños mas importantes de la historia.
 
1- ¡Eva!, ¿qué coño tenía la manzana ? (Adán, el Paraíso, penúltimo día)
2- ¿Cuándo coño va a dejar de llover ? (Noé 4314 A.C.)
3- ¿Cómo coño se te ocurrió esto ? (Su mamá a Pitágoras, 126 A.C.)
4- ¡Cóoooño que calorrrr! (Juana de Arco 1431)
5- ¿Qué coño puedo inventar hoy?  (Da Vinci, 1490)
6- ¿Cuando coño vamos a llegar? (Colón, octubre de 1492)
7- ¿Cómo coño quieren que les pinte el techo? (Miguel Angel, 1566)
8- ¿Cómo coño no van a entender esto? (Einstein, 1938)
9- ¿Dónde coño la soltamos? (Piloto del Enola Gay, Hiroshima 1942)
10- Sigue Mónica sigue, quién coño va a enterarse (Bill Clinton, 1997)
11- ¿Quién coño va a saber que esto es cosa mía) (Bin Laden, septiembre 2001)
12- ¿Porqué coño no te callas?  (Juan Carlos I a Hugo Chávez, 2007)
 
Acompañado por Alabama (Tonight it's Christmas)